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sábado, 13 de octubre de 2012

CRÍTICOS Y ARRIBISTAS



Uno de los grabados más conocidos de Francisco de Goya es el  perteneciente a la serie “Los Caprichos”, titulado “El sueño de la razón produce monstruos”. No ha quedado claro el mensaje que el pintor pretendió transmitir con su obra, pero dada la época convulsa que le tocó vivir, no parece que se refiriera a las pesadillas que pueden presentarse durante el sueño; parece más evidente la referencia al olvido de la inteligencia, a la falta de razonamiento que se produce en ciertos momentos de desesperación. En estos momentos de incertidumbre y pesimismo la razón se difumina y llega incluso a desaparecer por completo en circunstancias de miedo, desesperanza o pánico.
En estos momentos de dificultad que padecemos, en los que tantas personas están sufriendo en sus propias carnes los azotes de la crisis, es fácil que se presenten los monstruos de la sinrazón. Quien padece la lacra del paro y no tiene expectativas de futuro, a corto plazo, es una víctima fácil de los prejuicios. Quien necesita imperiosamente una solución desesperada no se plantea la cualidad de los medios para conseguirla. Quien roba para dar de comer a su familia no comete delito; la razón de la sinrazón, en estos casos, está más que justificada.
El problema surge cuando algunos dirigentes políticos y sociales, aquellos que disfrutan de una vida más o menos acomodada o simplemente llevadera, deciden utilizar la sinrazón de los que sufren en provecho propio. O lo que es más alarmante, cuando los intelectuales, que debieran ser los que aportaran razón y cordura a una sociedad atribulada, deciden dar pábulo a estos dirigentes, otorgándoles un protagonismo social y político que en condiciones normales nunca tendrían.
Aparecen entonces, alimentados por la demagogia, los monstruos de la razón; aquellos que en este bucle maldito de la crisis, no buscan soluciones, sólo buscan culpables. La culpa del paro es de los emigrantes porque nos quitan el trabajo, o de los parados que son unos vagos y no quieren trabajar, o de los empresarios explotadores que no quieren dar trabajo para poder comprarse otro yate, o de los políticos que sólo piensan en su sillón y les trae sin cuidado el paro de la gente.
La sinrazón no busca la causa de los problemas, se limita a buscar un culpable para cada problema; y desgraciadamente, en la historia ha ocurrido siempre así: en las hambrunas de la Edad Media se asaltaban las juderías porque los judíos eran considerados los culpables del hambre, o se desterró a todos los moriscos porque de ellos era la culpa de los ataques de los piratas de Berbería. En la revolución rusa todos fueron culpables menos los bolcheviques. En la Alemania de entreguerras los judíos y los comunistas eran los causantes de todos los males del pueblo y ese mismo pueblo, o casi todo ese pueblo, desde el obrero hasta el profesor de universidad, cegado por el sueño de la razón, creó el monstruo del nazismo. Sí, lo creó el pueblo alemán, lo crearon los trabajadores y los intelectuales, todos los que llevados por la sinrazón apoyaron con su voto el ascenso a Canciller de un simple cabo del ejército que les gritaba al oído lo que su sinrazón quería oír. Antes y durante, en nuestro solar, nos escupimos a la cara nuestras culpas y terminamos matándonos en una espiral diabólica y fratricida.
Dicen que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla. Por eso, hoy más que nunca, tenemos entre todos la responsabilidad de mantener nuestras conciencias despiertas, hasta que despertemos de este mal sueño de la crisis, y no dejarnos llevar por los arribistas y los advenedizos de la política que sólo buscan trepar a costa de nuestras desgracias. Si estamos unidos entre todos será más fácil allanar el camino.
Manuel Visglerio Romero - Septiembre 2012.

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